¿Cuál es el perfil de la víctima perfecta?, ¿cómo luce una mujer que ha experimentado en carne propia el abuso, o la violencia? Si has pensado la imagen de la fragilidad, típicamente asociada con la feminidad; en la inocencia y la bondad de sus ojos, o incluso en un entorno de pobreza; entonces formas parte de un enorme problema.
El juicio sostenido por Johnny Depp contra su expareja Amber Heard por cargos de difamación ha sido, posiblemente uno de los casos más mediáticos y con seguridad el más polémico de la era del #MeToo. Medios de comunicación y redes sociales han servido de soporte a toda clase de opiniones y observaciones relevantes. Los ojos del mundo se posaron en un par de interrogantes, igualmente llamativas:
- ¿Es Amber Heard una víctima creíble de violencia doméstica?
- ¿Podría Johnny Depp ser la verdadera víctima en medio de todo esto?
Ambas preguntas ponen de manifiesto una serie de prejuicios ampliamente normalizados y peligrosos en términos de género, equidad y atención a la violencia. Prejuicios que impactan de forma desproporcionada a unas y otros, pero igualmente tóxicos.
Veredicto y opinión pública
Nadie, salvo las dos celebridades que se enfrentaron en tribunales, conoce la verdad sobre lo sucedido entre las cuatro paredes de su relación. Incluso esas dos personas pueden conocer únicamente verdades a medias. No obstante, ambas partes presentaron sus historias, hicieron lo posible por sustentarlas y finalmente tanto la balanza de la opinión pública, como el veredicto del jurado se han inclinado en favor de Depp.
A lo largo del juicio vimos como el hashtag #AmberHeardlsALiar se posicionaba como trending topic en diversos momentos; especialmente luego de que, en abril, la marca Milani Cosmetics evidenciara que los productos con los que la actriz dijo cubrir las marcas de golpes en su rostro, realmente fueron lanzados al año siguiente de que el divorcio de la pareja tuviera lugar.
@milanicosmetics You asked us… let the record show that our Correcting Kit launched in 2017!👀 #milanicosmetics ♬ International Super Spy – dylan
Como era de esperarse, el video dio la vuelta al mundo rápidamente; y pronto Amber Heard sufrió la condena de la opinión pública, para la que solo podrían existir dos verdades posibles: la actriz era una inocente víctima de violencia doméstica, o una mentirosa.
Lo que vale la pena recordar en este punto es que a menudo el mundo está escrito en una paleta de grises. Así que, aunque la justicia ha determinado que Heard difamó a Depp en el artículo que escribió para el Washington Post en 2018, no hay que perder de vista que aquello tampoco significa que el actor sea inocente de abuso.
De hecho, la corte también ha determinado que Depp difamó a Heard a través de su agente, Adam Waldman, al describir las acusaciones de Heard como un engaño.
En resumen la corte ha determinado que, aunque de manera desproporcionada, ambas partes han contado verdades a medias.
Relaciones tóxicas y vulnerabilidad
No puede negarse que, al salir a la luz algunos de los detalles sobre la relación entre Heard y Depp hemos podido reconocer en ella un alto nivel de toxicidad. Una relación plagada de violentas discusiones y abuso de sustancias.

En los últimos meses hemos podido asomarnos brevemente a reconocer a las personas tras los rostros célebres que miramos en pantalla. Personas con sus propias historias de abuso, con sus propios vacíos; y tuvimos un asomo tan pequeño que, como sociedad, volvimos a buscar encasillarlos en algún tipo de personaje.
- La víctima perfecta
- La mentirosa
- El maltratador de esposas
- El hombre modelo acusado injustamente
La verdad está en algún lugar de en medio y es, con seguridad, mucho más compleja de lo que parece a simple vista.
Porque tras el telón todas las personas somos complejas, tenemos historias, heridas, conflictos y vulnerabilidades.
Porque tras el telón hombres y mujeres, a menudo aprendemos a relacionarnos a través de nuestras propias heridas. A veces más profundas, otras insoportables.
Así es como llega a veces el maltrato mutuo, en un ejercicio de poder, a beneficiarse de las vulnerabilidades de otra persona, para conservar el privilegio. Aunque en ocasiones sea solamente el privilegio de un poder fugaz.
La violencia sucede siempre frente a la vulnerabilidad.
La violencia sucede siempre frente a la vulnerabilidad. La vulnerabilidad que te da, socialmente, el pertenecer a un género; sí, pero también aquella que te da el deterioro por el abuso del alcohol u otras sustancias, o varios años de abuso psicológico.
En una relación tóxica nadie gana.
Heard difamó a Depp porque deliberadamente contó su mitad de la historia, mostrándose como la víctima perfecta.
Depp difamó a Heard, y la opinión pública la revictimiza; porque su participación activa en una relación tóxica, de ninguna forma anula el abuso recibido en ella.

La víctima perfecta de violencia doméstica
Dile al mundo, Johnny, diles: ‘Yo, Johnny Depp, un hombre, también soy una víctima de violencia doméstica’.
Amber Heard
¿Cómo luce una víctima de violencia doméstica?
- ¿Luce inocente?
- ¿Parece vulnerable?
- ¿Es incapaz de infringir daño?
- ¿Mujer?
- ¿Dependiente económicamente?
- ¿Pobre?
El caso de Depp vs Heard es tan complicado porque presenta dos planteamientos que desafían ese paradigma profundamente interiorizado en el imaginario colectivo:
Amber Heard, una mujer blanca, de clase alta, con posibilidad de trabajar. Capaz de agredir, e incluso de abusar verbalmente del personal a su cargo. Capaz también de perpetrar agresiones contra su pareja. Es víctima de violencia doméstica.
Johnny Depp, un hombre blanco, heterosexual, privilegiado y también de clase alta. Una figura pública con credibilidad. Una persona con historial de abuso de sustancias, TAMBIÉN es una víctima de violencia doméstica. Esto de acuerdo con palabras de la propia Amber Heard, presentadas a través de una grabación durante el juicio.
La historia nos reta como sociedad a replantear todo lo que creíamos saber, desde los prejuicios, sobre la violencia doméstica. Nos reta a admitir nuevas y diversas realidades, con posibilidades tan amplias como relaciones hay en el mundo.
Nos reta a crear nuevas narrativas; a admitir que no existe una víctima perfecta, pero todas merecen la oportunidad de contar su historia, de ser atendidas y de recibir justicia.

Diferencia entre violencia doméstica y violencia de género
Un apunte importante:
Violencia doméstica y violencia de género NO son sinónimos.
La violencia doméstica y la violencia de género NO son sinónimos; y comprender la diferencia entre ellas es vital para atender con precisión dos temas que son realmente importantes.
La violencia doméstica se define como aquella que se presenta, como su nombre lo indica, dentro del hogar. Comúnmente la experimentan las mujeres porque viven en una situación de vulnerabilidad, pero puede ser perpetuada también contra las infancias, personas adultas mayores o con discapacidad entre otras. En resumen: cualquier persona que, de forma sistemática y a partir de una condición de vulnerabilidad reciba un maltrato.
La violencia de género, por su parte, es aquella que experimentan las mujeres por el simple hecho de ser mujeres. ¿Por qué solamente ellas? Porque históricamente y de manera generalizada han sido colocadas en una situación de desventaja social. Relegadas al espacio doméstico y subyugadas al poder hegemónico masculino.
Así pues, un hombre puede ser víctima de violencia. Incluso puede ser víctima de violencia doméstica, pero no puede ser sujeto de violencia de género; ya que el origen de cualquiera de ellas no será el mero hecho de ser hombre.
Implicaciones para el #MeToo

Mucho se ha hablado sobre las implicaciones del juicio para el #MeToo; movimiento de denuncia contra la violencia sexual y de género, que cobró fuerza en 2018 luego de que mujeres de la industria cinematográfica alzaran la voz públicamente contra los abusos cometidos por el productor Harvey Weinstein.
El juicio y el veredicto constituyen un revés sin duda. Un contragolpe que se veía venir eventualmente porque así como no existe la víctima perfecta, tampoco existe tal cosa como un movimiento perfecto. Hay víctimas imperfectas, hay hombres que son víctimas de violencia doméstica y también hay mujeres que mienten; pero no podemos excusarnos en ello para ignorar un problema estructural que daña a nuestra sociedad profundamente.
Si alguien puede ser derribado por acusaciones como esta, entonces tú, yo, cada hombre ciertamente debería estar preocupado.
Comentó un abogado de la Casa Blanca poco después de que se hicieran públicas las acusaciones de Christine Blasey Ford contra Brett Kavanaugh.
El alcance real de las falsas denuncias
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), menos del 3% de las denuncias por violencia de género en el mundo son falsas. No obstante, el #MeToo amenazó plenamente un sistema en el que hombres poderosos se benefician con el silencio. Un sistema en el que las mujeres que alzaban la voz son cuestionadas, acosadas y revictimizadas.
Lamentablemente, frente a la opinión pública no parece importar el 97% de las denuncias por violencia de género que son reales, ni los millones de casos en el mundo que no se denuncian porque se desarrollan en el terreno de la normalización. El caso de Depp contra Heard simplemente abre la puerta a quienes en detracción del #MeToo argumentan que cualquier mujer puede, con falsas denuncias, poner fin a la reputación y la vida de un hombre bueno.
Que no se nos olvide: Depp es victimario tanto como víctima; y Heard sigue siendo víctima de violencia doméstica, incluso si no es la víctima perfecta; incluso si también es victimaria.
Olvidar esa verdad pone en peligro décadas de lucha contra la violencia de género. Pone en peligro la voz, y la vida de miles de víctimas cuya palabra será puesta en duda porque la reputación de un hombre parece preocupar más que la seguridad y los derechos humanos de las mujeres.
Después follaré su cadáver quemado para asegurarme de que está muerta.
Johnny Depp.
Antes de perder en los tribunales, Heard perdió frente a la opinión pública y en ese espacio han perdido todas las mujeres del mundo con ella, porque incluso antes de tener un veredicto el mundo se volcó el humillaciones y desacreditaciones. Tal como se hace a menudo con cualquier víctima de violencia.
¿En qué momento recrear un testimonio de violación y abuso, sea cual sea, se transformó en un juego en TikTok?, ¿Qué tan mal necesitamos estar como sociedad para que eso suceda?
Muchas de las personas que atacan abiertamente a Amber Head no se consideran antifeministas. No parecen darse cuenta que hacer eco (de forma tan imprecisa) de un caso tan mediático significará un enorme retroceso en cómo el mundo percibe las voces de las mujeres, y de las víctimas.

Tal vez olvidan que todo el punto del #MeToo -el punto entero- era ayudar a las víctimas imperfectas. Aquellas que llevaban lo que no debían, o estaban borrachas, o eran consideradas promiscuas, o amaban a su agresor, o habían infringido la ley anteriormente, o habían mentido antes, o tenían mal carácter, o parecían “un poco locas y un poco zorras”, como describió una vez David Brock de forma memorable a Anita Hill, que testificó durante las audiencias de confirmación de Clarence Thomas en el Tribunal Supremo de Estados Unidos en 1991.
De hecho, las víctimas perfectas nunca han necesitado el feminismo, en parte porque no existe tal cosa como una víctima perfecta.
Tanto si quienes atacan a Heard se dan cuenta de ello como si no, poner a las “malas” víctimas en contraposición a las “auténticas” es un método muy eficaz para destrozar el #MeToo. Quienes desde la misoginia admiten no creer a las mujeres a menudo emplean el argumento de “sólo no le creo a esta, que está mintiendo”.
El #MeToo (la pista está en el nombre) trató de combatir esto mediante la vinculación de experiencias -todas esas mujeres que no fueron creídas- para que pudiéramos ver el patrón. De hecho, se podría decir que todo proyecto del feminismo consiste en tomar las cosas malas que les han pasado a las mujeres, que creían que sólo les habían pasado a ellas, o que eran culpa suya, y llamarlas por un nombre. Si volvemos a dividir el mundo entre hombres poderosos y personas que siempre podrían estar mintiendo, el movimiento está perdido.
¿Y al final quién gana?
Puede que en los tribunales perdiera Amber Heard y ganara Johnny Depp; pero el resultado de este juicio en la opinión pública es lo verdaderamente inquietante.
No es Johnny Depp el absoluto ganador; aunque, dicho sea de paso, ha estado muy cerca de coronarse, porque restauró su reputación y las personas parecen haber ignorado que el veredicto no lo vuelve inocente de violencia doméstica.
Quien se corona absoluto ganador aquí es nuevamente el patriarcado.
Que nos dice que Johnny Depp no puede ser víctima de violencia doméstica porque es un hombre.
Además, que si es víctima, entonces es automáticamente inocente de todo lo que se le acuse y hay que restaurar su inmaculada reputación.
El que nos dice que la reputación de un hombre es más importante que la vida de una mujer.
Que la mujer es incapaz de ejercer violencia, y que si lo es, entonces no puede ser violentada.
El sistema que nos dice, si diez mujeres al día mueren por feminicidio, que no todos los hombres son iguales.
Y al mismo tiempo dice que si una mujer miente y daña deliberadamente la reputación de un hombre, entonces todos deberían tener miedo.
En la opinión pública hoy ha vuelto a ganar el patriarcado y, no sólo perdimos las mujeres, sino toda la humanidad.


Excelente artículo Cori, hay que seguirlo comentando para ahorrar más en el tema. Saludos 😊